Richard Thompson – “Hand of Kindness” (1983)

por undetective

El futuro de Vinilos Rotos es incierto. Por eso voy a postear acá las dos críticas que escribí para el sitio. Y, como le volví a tomar el gusto a esto de escribir sobre música, seguiré con tan enriquecedora actividad. Por lo pronto, acá va la crítica de Hand of Kindness (1983), de Richard Thompson:

Richard Thompson, el fundador de Fairport Convention, el gran conocedor de música popular europea, el guitarrista excelso, esa figura siempre curiosa y ajena a cualquier tradición rockera, grabó en 1983 su segundo disco solista de composiciones propias, aunque su carrera musical –al menos la visible para el público– había comenzado más de quince años atrás.

En Hand of Kindness, tal es el título del disco en cuestión, Thompson trabaja alrededor de la tensión. Se trata de un recurso usual en sus composiciones, que consiste en quebrar con la concordancia entre música y letra. Es en ese terreno pantanoso donde se descubren las emociones ambiguas que funcionan como el corazón de su música. Un ejemplo claro de esto es Tear-Stained Letter, la primera canción del álbum: tras un triple golpe de batería entra la banda, con un riff alegre sostenido por dos saxofones y un acordeón. Uno confía, entonces, en que el título del álbum es directo y honesto. Sin embargo, a los veinte segundos aparece la sospecha, cuando Thompson canta: It was three in the morning when she took me apart / She wrecked the furniture, she wrecked my heart. Corazones y muebles destrozados. En realidad, vemos, no todo es alegre, mucho menos amable. Es momento de descubrir que habíamos sido advertidos: el título del disco habla de una “mano amable”, pero no especifica qué ocurre con la otra. Se trata de una metáfora aplicable al recurso compositivo ligado a la tensión, que recorre gran parte de Hand of Kindness.

Otro tema donde se evidencian estas “dos manos” es Where the Wind Don’t Whine. Nos encontramos con un tono que conserva la alegría de Tear-Stained Letter, aunque sin tanta urgencia. Una canción está tratando de avanzar todo el tiempo, a toda costa, mientras que la otra parece sentirse cómoda sobre su riff de saxo reiterativo (The price of running’s getting dearer and dearer  / And nothing ever seems to get nearer and nearer). Sin embargo, nuevamente, la letra aporta el tono oscuro: el protagonista es engañado por una mujer, pero aquí no es una pura víctima de la manipulación (como sí podía interpretarse en Tear-Stained Letter), ya que todo el tiempo supo que ella era menor de edad. En el primer caso se trata de un hombre involucrado en una relación dolorosa, histérica; en el segundo, de un juego de víctima-victimario en el cual el hombre termina perdiendo. No hay resentimiento, aunque sí una advertencia: Out in the night you’ll see her shine / Waiting where the wind don’t whine.

Es interesante la comparación con otros exponentes de esta incomodidad o tensión entre música y letra a la que vengo refiriendo: en Hey Nineteen, gran hit de Gaucho (1980), el último álbum de su período clásico, Steely Dan plantea una situación mucho más sombría: un adulto droga y emborracha a una chica de diecinueve años para acostarse con ella. Por un lado, Hey Nineteen es un cuento de terror, como tantas letras de la dupla Fagen-Becker. Al mismo tiempo, funciona como un guiño a su viejo público (en la época de Gaucho hacía ocho años que se había editado el primero disco de Steely Dan), recordándoles que ya no son los adolescentes que eran cuando se habían acercado a la banda a comienzos de los 70s. Las diferencias generacionales son un eje de la canción (Hey Nineteen / That’s ‘Retha Franklin / She don’t remember the Queen of Soul). La referencia a Hey Nineteen, y a Steely Dan en general, apunta a lo siguiente: donde Fagen y Becker siempre deciden tomar una distancia generalmente irónica respecto de los personajes de sus letras, Thompson se posiciona como la eterna víctima. Más específicamente: como el antihéroe al cual, no importa cuáles sean sus intenciones, las cosas terminan saliéndole mal. No por nada Steve Smith sugiere que la letra de Tear-Stained Letter es una broma en torno a las historias de amor de las revistas pulp. Del mismo modo, es posible comparar a la situación narrada en Where the Wind Don’t Whine con la de una novela o película noir, donde el hombre es una víctima parcial y la chica una femme fatale.

Cambiando el eje de análisis, Hand of Kindness funciona, en varios aspectos, como una revisión de instancias previas de la carrera de Thompson. Las canciones más ágiles (sobre todo Two Left Feet) remiten con frecuencia a su álbum inmediatamente anterior, Strict Tempo! (1981), compuesto en su mayoría por canciones tradicionales, repleto de banjos y mandolinas. Por otra parte, varios de los músicos que lo acompañan (el guitarrista Simon Nicol, el baterista Dave Mattacks y el bajista Dave Pegg) son miembros o ex miembros de Fairport Convention. El sonido general, con la fuerte presencia del acordeón de John Kirkpatrick, tiene elementos tradicionalistas. En este sentido, una canción se aparta del resto: en el tema que le da título al disco la suave electricidad penetrante de la guitarra de Thompson se vuelve cristalina, casi transparente, al igual que los pocos instrumentos que la acompañan. Hand of Kindness es una perfecta canción pop de los 80s: un bajo y una batería fríos se limitan a marcar la ominosa pauta rítmica, el estribillo es atrapante, la letra habla de un pedido de ayuda en una situación límite. La cualidad distintiva, en comparación a tantos hits pop de la década, es la ausencia total de teclados invasivos. De hecho, se trata de una canción fresca en sus silencios y, gracias a eso, profundamente efectiva.

Como sugiere el párrafo anterior, Hand of Kindness no es un disco del todo homogéneo. Si bien en su carrera hay indicios de lo contrario (como I Want to See the Bright Lights Tonight (1974) o Shoot Out the Lights (1982)), Thompson por lo general no busca construir “el disco perfecto”. A diferencia de otros cantautores de la época como Elvis Costello (otro inglés en busca de tensiones entre letra y música, que el año anterior a la salida de este disco estaba editando Imperial Bedroom, una de las obras más ambiciosas de su carrera), Thompson se preocupa más por escribir grandes –jamás grandilocuentes– canciones que por construir discos coherentes como un todo. De cualquier manera, por curioso que resulte, en este caso los constantes cambios de tono aportan mucho: Hand of Kindness, con sus acordeones, violines y ritmos bailables, resulta ser una de sus exploraciones más completas por la música tradicional europea. Una exploración a la vez más personal y menos obvia que Strict Tempo! o 1000 Years of Popular Music (2003). Es exactamente lo que su portada (una foto de Thompson en pose divertida, tocando la guitarra en un muelle lluvioso) anuncia: una combinación de juego y melancolía.

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